Flavia Caminos

Mayo 2009

La artista se casa de blanco y se retrata con su consorte. Siempre un conyugue diferente; a veces un varón, otras veces una mujer. Con cada sí dado el tocado de la novia crece y las flores del ramo se multiplican como los panes y los peces. Cada una de las fotografía exhibe un joven matrimonio ostentando el reciente estatus adquirido orgulloso de la monogamia dominante. Los nuevos esposos se miran tiernamente o dirigen su ojo a los futuros espectadores. Sin embargo, en su repetición, Flavia Caminos se transforma en una polígama serial.  
Me quiere, me quiere, me quiere. ¿Me quiere? ¿Te quiero? ¿Nos queremos? ¿Qué queremos? Dichas una y otra vez las palabras buscan hacerse realidad. Repita tres, seis, nueve, noventa y nueve veces y sus deseos se cumplirán. “San Antonio, San Antonio, traeme un novio”. En algunas ocasiones, de tanto decir, las cosas acontecen. Esta serie de foto-performances denuncian por medio de una poética de la hipérbole el sentido ominoso presente en la repetición creadora de las palabras y de los actos. Cada vez es (casi) diferente y (casi) siempre la misma, parecen decir las imágenes. Huellas de lo mismo que es diferente, ¿es eso el amor conyugal?


Gustavo Blázquez

 

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